¿Y si pudiéramos crear nuestra propia Internet sin depender de las operadoras?
Una red mundial de antenas ciudadanas, capaz de encontrar rutas alternativas y mantener las comunicaciones incluso cuando fallan los grandes proveedores
Tecnología | Telecomunicaciones | Innovación | Soberanía digital
20 de octubre de 2026
Internet nació como una red de redes, diseñada para que la información pudiera viajar por diferentes caminos. Sin embargo, décadas después, gran parte de nuestras comunicaciones depende de operadores comerciales, centros de datos, cables submarinos y grandes plataformas tecnológicas.
Cuando uno de estos servicios falla, podemos encontrarnos con una paradoja: nuestros ordenadores funcionan, nuestras antenas funcionan, tenemos electricidad, pero no conseguimos comunicarnos.
¿Y si pudiéramos construir una red alternativa en la que cada vivienda participara directamente en la transmisión de información?
¿Y si nuestros propios ordenadores pudieran comunicarse por radio, utilizando las antenas de nuestros vecinos para crear rutas que conectasen barrios, ciudades y países?
La idea parece sencilla: convertir cada vivienda en un pequeño nodo de una gran red de comunicaciones descentralizada.
Lo interesante es que buena parte de la tecnología necesaria ya existe. El desafío consiste en integrarla, ampliarla y conseguir que resulte accesible para cualquier ciudadano.
1. Recuperar una idea antigua: comunicarnos directamente por radio
Antes de la expansión de Internet, las comunicaciones por radio permitían conectar personas situadas a grandes distancias sin necesidad de una infraestructura comercial de acceso a la red.
Las ondas electromagnéticas transportaban voz, música e información de un lugar a otro.
Actualmente hacemos algo parecido con Wi-Fi, Bluetooth, comunicaciones móviles y numerosos sistemas digitales.
La diferencia es que podríamos utilizar esas capacidades para construir una red gestionada por sus propios participantes.
Un ordenador genera información digital en forma de bits. Un transmisor convierte esos datos en señales adecuadas para viajar mediante ondas electromagnéticas. El receptor realiza el proceso inverso.
Este mecanismo, denominado modulación digital, permite transmitir datos informáticos a través de radiofrecuencias.
No es necesario convertir literalmente una señal cuadrada en otra analógica: lo fundamental es codificar los bits mediante variaciones controladas de una onda portadora, por ejemplo, de su frecuencia, fase o amplitud.
Así podríamos enviar mensajes, archivos y otros contenidos entre ordenadores sin utilizar una conexión convencional a Internet.
2. Cada casa podría convertirse en una estación de comunicaciones
Imaginemos un barrio con cien viviendas.
Cada una dispone de un pequeño equipo formado por una antena, un transceptor de radio y un dispositivo informático que administra las comunicaciones.
En lugar de conectarse obligatoriamente a la infraestructura de una operadora, los equipos se comunican con los nodos vecinos.
La vivienda A puede transmitir información a la vivienda B.
La vivienda B puede retransmitirla a la vivienda C.
Y la vivienda C puede enviarla a otra situada a mayor distancia.
De esta manera, la información no necesita viajar directamente desde su origen hasta su destino.
Puede avanzar mediante una sucesión de conexiones entre participantes.
Esta arquitectura se conoce como red mallada o red mesh.
La ventaja consiste en que ningún nodo individual tiene que controlar todas las comunicaciones.
Cada dispositivo participa en el funcionamiento general de la red.
Además, algunas viviendas podrían incorporar equipos más potentes, antenas direccionales o estaciones instaladas en emplazamientos elevados para comunicar zonas geográficas alejadas.
Eso permitiría crear una estructura con enlaces locales, regionales y troncales de larga distancia.
El objetivo sería construir una infraestructura ciudadana que creciera progresivamente con cada nuevo participante.
3. El problema de la congestión: ¿qué ocurre cuando una antena se satura?
Aquí encontramos uno de los aspectos fundamentales del proyecto.
Supongamos que una vivienda utiliza una antena vecina para enviar información a otro punto de la red.
Mientras el tráfico es reducido, la comunicación funciona correctamente.
Pero ¿qué ocurre si cientos de usuarios comienzan a utilizar simultáneamente esa misma antena?
El enlace puede saturarse.
La velocidad disminuye, aumenta la latencia y aparecen retrasos en la transmisión de datos.
Una red mesh convencional puede disponer de rutas alternativas, pero una red realmente eficiente debería seleccionar sus caminos teniendo en cuenta la congestión y la capacidad disponible.
Por ejemplo, un ordenador detecta que el nodo B tiene una ocupación elevada.
En lugar de continuar enviando toda su información por ese nodo, identifica otra conexión disponible a través del nodo C.
Si la nueva ruta ofrece mejores condiciones, cambia automáticamente el camino.
Incluso podría utilizar varias rutas simultáneamente.
La información viajaría por diferentes enlaces hasta llegar a su destino.
Este principio se conoce como enrutamiento dinámico y puede combinarse con técnicas de balanceo de carga y transmisión multicamino.
Pero hay una condición esencial: las antenas alternativas también necesitan capacidad radioeléctrica disponible. Cambiar de nodo no resuelve la congestión si todos comparten un mismo canal saturado.
Por eso, una red de gran escala necesitaría utilizar diferentes canales, bandas de frecuencia, antenas direccionales y mecanismos inteligentes de coordinación.
4. Una red que encuentre por sí misma el mejor camino
La propuesta consiste en que cada nodo pueda analizar continuamente las condiciones de sus conexiones.
Para decidir por dónde transmitir, podría considerar:
- La calidad de las señales de radio.
- La capacidad disponible de cada enlace.
- La congestión de las rutas.
- La latencia.
- La cantidad de saltos necesarios.
- La disponibilidad de rutas alternativas.
- La estabilidad de las comunicaciones.
Con esta información, los dispositivos podrían seleccionar automáticamente los caminos más adecuados.
No haría falta que todos consultaran a un servidor central.
Cada nodo intercambiaría información limitada con sus vecinos para calcular las rutas disponibles.
Además, el sistema debería evitar que todos los usuarios cambiasen simultáneamente hacia una misma antena y provocasen una nueva saturación.
Para conseguirlo, podrían incorporarse algoritmos de distribución gradual del tráfico, selección de rutas alternativas y prevención de oscilaciones.
La red no tendría un único camino obligatorio: se adaptaría continuamente a las condiciones de funcionamiento.
Este enfoque no parte de cero. Protocolos como Babel ya permiten gestionar rutas dinámicas en redes inalámbricas malladas.
Lo que proponemos es utilizar estos principios dentro de una infraestructura comunitaria más amplia, con diferentes tecnologías y mecanismos adicionales de gestión de capacidad.
5. ¿Qué tecnologías tenemos ya disponibles?
No habría que inventarlo todo. Existen experiencias y protocolos que demuestran distintas partes del concepto.
Guifi.net, nacida en Cataluña, ha desarrollado una infraestructura de telecomunicaciones abierta, libre y neutral que combina radioenlaces y fibra óptica. Demuestra que una red de propiedad y gestión compartida puede funcionar a escala territorial. No prescinde completamente de los operadores ni de la interconexión convencional con Internet. landing.guifi.net
Meshtastic utiliza radios LoRa para establecer comunicaciones entre dispositivos sin necesitar una conexión móvil o de Internet. Es adecuado para mensajes pequeños y comunicaciones de baja capacidad, no para sustituir una red urbana de banda ancha. Meshtastic
Reticulum es una pila de comunicaciones abierta capaz de trabajar sobre LoRa, radio de paquetes, Wi-Fi, Ethernet y otros medios. Resulta especialmente interesante para combinar tecnologías diferentes dentro de una misma arquitectura. Reticulum Network
Babel, especificado en el RFC 8966, proporciona un protocolo de enrutamiento adaptativo válido para redes cableadas y redes inalámbricas mesh. Sería una base para experimentar con rutas alternativas, aunque no resuelve por sí mismo todos los problemas de balanceo y congestión. RFC Editor
Ninguno de estos proyectos constituye, por sí solo, la red mundial de alta capacidad que imaginamos. Pero sus componentes demuestran que la propuesta no pertenece exclusivamente a la ciencia ficción.
6. Una arquitectura de tres niveles: viviendas, regiones y grandes enlaces
La solución no consistiría en exigir que cada antena doméstica cubra cientos de kilómetros. Sería más eficiente conectar muchas antenas cercanas y unir esas redes mediante enlaces especializados.
Primer nivel: red local. Viviendas, edificios, centros comunitarios y comercios se conectan con enlaces inalámbricos próximos. Los nodos pueden compartir mensajes, archivos y servicios locales.
Segundo nivel: red regional. Antenas direccionales instaladas en lugares adecuados enlazan barrios, municipios y regiones. En lugar de muchos saltos de baja capacidad, se utilizan enlaces troncales más rápidos cuando sea posible.
Tercer nivel: interconexiones de larga distancia. Distintas regiones se unen mediante enlaces de radio autorizados y, si se desea, otros medios gestionados por la comunidad.
Para un servicio mundial de alta capacidad sería necesario combinar múltiples infraestructuras. La radio por sí sola no ofrece un sustituto sencillo de toda la fibra intercontinental.
Cuando un enlace se congestiona o falla, el sistema intenta una ruta diferente. Si no hay camino disponible, ciertas aplicaciones podrían guardar temporalmente los mensajes hasta que reaparezca la conectividad.
7. No basta con transportar datos: también necesitamos nuestros propios servidores
Si levantamos una red de radio independiente, pero cada consulta tiene que dirigirse a un servidor que solo es accesible desde Internet convencional, la independencia será limitada.
Por eso proponemos añadir servidores comunitarios y almacenamiento distribuido.
Una biblioteca digital podría estar alojada en varios municipios. Un periódico podría distribuir copias verificables de sus artículos en distintos servidores de la comunidad.
Los ciudadanos podrían disponer de mensajería, avisos, archivos o directorios de servicios sin depender de una plataforma central.
El cifrado protegería las comunicaciones privadas y las firmas digitales ayudarían a verificar la procedencia de los contenidos.
Para reducir el tráfico, parte de la información podría obtenerse desde el nodo cercano que ya la conserve, evitando transmisiones innecesarias a larga distancia.
8. ¿Independencia total de los proveedores?
Independencia respecto a un proveedor comercial de acceso, sí, para los servicios que existan dentro de la red y siempre que los participantes mantengan suficientes enlaces operativos. Independencia absoluta de cualquier infraestructura, no.
La red seguiría necesitando electricidad, equipos, mantenimiento, emplazamientos adecuados, gestión del espectro y acuerdos entre quienes administran los nodos.
Y hay otra distinción crucial: para acceder a una web externa que no participa en esta red, hace falta una interconexión con las redes donde se aloja.
Una red mesh independiente puede tener sus propios servicios, pero no puede llegar a servidores externos sin una ruta real hacia ellos.
Esto no invalida la idea. Define correctamente su alcance: crear comunicaciones y servicios digitales que sigan siendo útiles aunque Internet comercial deje de estar disponible.
9. ¿Por qué no instalar simplemente antenas más potentes?
Porque la potencia no es una solución universal. Más potencia puede ampliar ciertos enlaces, pero también aumentar interferencias, consumo y conflictos de uso del espectro.
La distancia alcanzable depende, entre otros factores, de la frecuencia, los obstáculos, la altura de la instalación, la sensibilidad del receptor y el tipo de antena.
Los enlaces direccionales pueden resultar más eficaces que aumentar indiscriminadamente la potencia de todos los transmisores.
En España, las bandas de uso común tienen condiciones técnicas concretas y límites de potencia, recogidos en el Cuadro Nacional de Atribución de Frecuencias.
Las transmisiones más potentes o en otras bandas pueden requerir autorizaciones o títulos habilitantes.
Una red ciudadana debe diseñarse dentro de la normativa radioeléctrica vigente. BOE
10. Cómo probarlo sin esperar a construir una red mundial
La primera fase podría desarrollarse en un barrio o municipio, con participantes voluntarios.
Fase 1: diez nodos. Conectar varios edificios mediante equipos comerciales adecuados para mesh o radioenlaces, sin utilizar el servicio de Internet de ninguna operadora para las comunicaciones entre ellos.
Fase 2: servicios internos. Alojar una página informativa, un sistema de mensajes y un repositorio de archivos en uno o varios equipos locales.
Fase 3: pruebas de resistencia. Desconectar intencionadamente un enlace de pruebas, generar tráfico controlado y comprobar si existen rutas alternativas y cuánto tarda la red en recuperarse.
Fase 4: expansión y especialización. Introducir enlaces troncales de mayor capacidad, medir interferencias y evaluar protocolos de encaminamiento más sofisticados.
Fase 5: federación. Interconectar la red con otra comunidad cercana mediante acuerdos técnicos y de mantenimiento.
Los resultados deberían medirse públicamente: velocidad real, latencia, pérdidas, tiempo de recuperación, consumo, coste por nodo y capacidad durante la congestión.
11. El desafío no es solo tecnológico: también es organizativo
La instalación inicial puede ser relativamente asequible en un proyecto pequeño. Sostener una red extensa es otra cuestión.
Alguien debe mantener las antenas, sustituir equipos averiados, resolver interferencias, asegurar los nodos, pagar la energía y coordinar las mejoras.
La solución podría ser un modelo de infraestructura compartida, con normas transparentes, estándares abiertos y participación de vecinos, asociaciones, administraciones y empresas locales.
Ser descentralizado no significa carecer de organización. Significa evitar que una sola entidad tenga que ser imprescindible para todas las decisiones y comunicaciones.
Conclusión: Internet no tiene por qué ser únicamente un servicio que compramos
La propuesta no pretende negar el valor de las redes actuales, la fibra óptica ni los operadores.
Busca añadir una posibilidad que hemos dejado en segundo plano: que los propios ciudadanos puedan construir y mantener una infraestructura útil de comunicaciones.
Cada vivienda podría aportar un pequeño tramo de conectividad. Cada comunidad podría aportar servidores y enlaces. Cada región podría contribuir con rutas de mayor alcance.
Con protocolos abiertos, coordinación automática y una distribución razonable de la capacidad, estas redes podrían crecer sin depender de un único centro de control.
No sería sencillo construir de golpe una alternativa mundial con las prestaciones de Internet actual. Los obstáculos de espectro, capacidad, financiación y mantenimiento son importantes.
Pero una red local funcional, capaz de ampliar su alcance y prestar servicios independientes, sí es un objetivo técnico concreto y comprobable.
La pregunta ya no es si dos ordenadores pueden comunicarse mediante antenas sin contratar Internet: sabemos que pueden.
La verdadera pregunta es qué ocurriría si miles de ciudadanos empezaran a conectar esos enlaces entre sí, hasta convertirlos en una infraestructura común.
Fuentes y documentación técnica
- Guifi.net — Red de telecomunicaciones comunitaria
- Meshtastic — Funcionamiento de las redes mesh
- Reticulum — Infraestructura de comunicaciones descentralizadas
- IETF — RFC 8966, protocolo Babel
- BOE — Cuadro Nacional de Atribución de Frecuencias
Lo que no entiendo es que a nadie se le haya ocurrido.
Es mas bien este articulo un respuesta con la idea que quieren hacer de acumular todo en grandes operadores.
Si valores la meva feina, pots donar-hi suport.
Pago mediante Ko-fi · Pagament mitjançant Ko-fi