Cuando hablamos de materias primas estratégicas solemos pensar en petróleo, gas, litio, uranio o tierras raras. Sin embargo, existe otro elemento mucho menos visible sin el cual la agricultura moderna tendría enormes dificultades para alimentar a la población mundial: el fósforo.
El fósforo es uno de los tres grandes nutrientes de los fertilizantes NPK: nitrógeno, fósforo y potasio. Las plantas necesitan fósforo para procesos fundamentales relacionados con el crecimiento, la transferencia de energía, las raíces, las semillas y la reproducción.
Y aquí aparece una característica especialmente importante: el fósforo no tiene sustituto biológico.
Podemos utilizar estiércol, recuperar fósforo de aguas residuales, reciclar residuos orgánicos o desarrollar sistemas agrícolas mucho más eficientes, pero las plantas continúan necesitando fósforo. El US Geological Survey lo expresa claramente: es un elemento esencial para la nutrición vegetal y animal, y la roca fosfática constituye la principal fuente industrial de este fósforo.
Marruecos posee una concentración extraordinaria
Esto convierte a Marruecos en un país especialmente relevante.
Según los datos más recientes del US Geological Survey, Marruecos dispone de aproximadamente 50.000 millones de toneladas de reservas de roca fosfática, alrededor del 68 % de las reservas mundiales estimadas.
En 2024 produjo aproximadamente 35,3 millones de toneladas de roca fosfática y 12,3 millones de toneladas de fertilizantes fosfatados.
Es una concentración extraordinaria para una materia prima directamente relacionada con la producción mundial de alimentos.
Por eso el fosfato no debería analizarse únicamente como un mineral.
La cadena real es:
fosfato → fertilizantes → agricultura → producción de alimentos → seguridad alimentaria.
Quien dispone de enormes reservas de fósforo posee, por tanto, un activo estratégico de muy largo plazo.
Y entonces aparece el Sáhara Occidental
En el Sáhara Occidental se encuentra el importante yacimiento de Bu Craa, descubierto durante la administración española.
España creó en 1962, mediante el Instituto Nacional de Industria —INI—, la empresa Fosbucraa para explotar esos depósitos.
La explotación industrial empezó a comienzos de los años setenta.
En 1974 Bu Craa produjo aproximadamente tres millones de toneladas de fosfatos. En 1975 todavía produjo unos 2,8 millones de toneladas.
No era, por tanto, una riqueza hipotética enterrada bajo el desierto.
Era una explotación industrial que ya funcionaba y generaba ingresos.
En 1974 Fosbucraa obtuvo unos beneficios de 876,9 millones de pesetas, con ingresos superiores a 4.800 millones.
Y existe un dato especialmente interesante desde el punto de vista español: aproximadamente el 83 % de las ventas de Fosbucraa en 1975 se dirigieron al mercado español.
Aquí la relación entre Sáhara, fosfatos y agricultura española deja de ser abstracta.
España estaba utilizando realmente aquel mineral.
1975: Pedro Cortina Mauri entra en la historia
En este contexto aparece Pedro Cortina Mauri, padre del empresario Alberto Cortina.
Pedro Cortina era ministro español de Asuntos Exteriores cuando estalló la crisis definitiva del Sáhara Occidental en 1975.
Documentos diplomáticos estadounidenses desclasificados muestran que Cortina discutió directamente el problema del Sáhara con Henry Kissinger.
El 4 de octubre de 1975, pocas semanas antes de la Marcha Verde, Cortina habló con Kissinger sobre el riesgo de una intervención marroquí y defendió la organización de un proceso de autodeterminación.
Un año antes, en octubre de 1974, ya había manifestado preocupación ante informaciones que sugerían un posible entendimiento directo entre Washington, Madrid y Rabat para transferir el Sáhara a Marruecos.
Este dato es importante porque introduce un matiz esencial.
La documentación disponible no permite afirmar que Pedro Cortina estuviera intentando entregar el Sáhara a Marruecos para conseguir sus fosfatos.
De hecho, algunos documentos muestran que inicialmente defendía otra solución.
Pero Cortina ocupaba el Ministerio de Asuntos Exteriores precisamente cuando se produjo el cambio definitivo de política española.
El 14 de noviembre de 1975 España, Marruecos y Mauritania firmaron la Declaración de Principios de Madrid sobre el Sáhara Occidental.
Poco después cambiaría también el control económico de Fosbucraa.
El cambio de control de los fosfatos
En 1976, OCP —Office Chérifien des Phosphates, la gran empresa fosfatera marroquí— adquirió el 65 % de Fosbucraa.
El INI español conservó el 35 %.
La propia OCP reconoce esta estructura histórica. La sociedad conjunta OCP-INI permaneció hasta 2002, cuando OCP compró también el 35 % restante.
La secuencia histórica resulta inevitablemente llamativa:
1974 — Bu Craa alcanza una fuerte producción de fosfatos.
1975 — Marcha Verde y Acuerdos de Madrid.
1976 — OCP marroquí adquiere el 65 % de Fosbucraa.
Esto no demuestra que el fosfato fuese la causa de los acontecimientos políticos.
Pero sí demuestra que el fosfato era un activo económico importante que estaba sobre la mesa durante aquella transformación territorial y política.
De hecho, ya en aquellos años existían análisis que advertían de la importancia estratégica de controlar los yacimientos saharauis dentro del mercado internacional de fosfatos.
¿Y qué tiene que ver Ceuta?
Aquí debemos ser especialmente rigurosos.
En julio de 2026 Ceuta vivió una entrada irregular extraordinariamente grande de personas procedentes de Marruecos.
Las cifras terminaron superando las 70.000 entradas según las informaciones posteriores. Marruecos ha negado haber organizado o facilitado deliberadamente esa entrada masiva y las autoridades españolas han investigado las circunstancias. Reuters señala que no existe por el momento evidencia pública concluyente que permita atribuir su organización al Gobierno marroquí.
Por tanto, denominar directamente el episodio una “invasión marroquí organizada” implicaría afirmar algo que actualmente no está demostrado.
Sí existe, sin embargo, un contexto geopolítico mucho más amplio.
Marruecos no reconoce la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, mientras que España las considera partes integrantes de su territorio. Paralelamente continúa abierto el conflicto del Sáhara Occidental.
Además, en mayo de 2021 ya se produjo otra gran crisis migratoria en Ceuta coincidiendo con una fuerte tensión diplomática entre España y Marruecos relacionada con la presencia en España de Brahim Ghali, dirigente del Frente Polisario. Reuters señala que aquella apertura fronteriza fue ampliamente interpretada como una reacción marroquí dentro de esa crisis diplomática.
Por eso Ceuta, Sáhara Occidental y las relaciones España-Marruecos forman parte de una misma arquitectura geopolítica, pero no debemos reducirla exclusivamente a los fosfatos.
El verdadero poder del fósforo
La cuestión más interesante probablemente sea otra.
Imaginemos un mundo con más población, mayor demanda agrícola, presión sobre el agua y problemas crecientes de seguridad alimentaria.
En ese escenario, controlar una enorme proporción de las reservas mundiales de un nutriente que no puede sustituirse tiene una importancia estratégica evidente.
Estados Unidos incluso incorporó el fosfato a su lista de minerales críticos de 2025 después de que su Departamento de Agricultura destacara su importancia para la agricultura estadounidense.
El fósforo puede ser reciclado y utilizado de forma mucho más eficiente.
Pero no puede eliminarse de la agricultura.
Ahí reside la diferencia.
Una pregunta histórica que merece investigarse
Por eso merece la pena volver a analizar los acontecimientos de 1975 desde una perspectiva que normalmente ocupa un segundo plano.
Cuando España abandonaba el Sáhara, allí no había únicamente desierto.
Había territorio estratégico.
Había pesca.
Había posición geográfica.
Había intereses militares.
Y había millones de toneladas de fosfato, precisamente en un momento en el que ese mineral ya alimentaba la industria mundial de fertilizantes.
Además, inmediatamente después del cambio político, la empresa pública marroquí OCP adquirió el control mayoritario de Fosbucraa.
¿Fue el fosfato uno de los factores económicos que influyeron en las decisiones políticas de aquella época?
Es una pregunta legítima.
Lo que todavía no sería legítimo, sin nuevas pruebas documentales, sería convertir esa pregunta en una certeza y afirmar que los Acuerdos de Madrid, las decisiones de Pedro Cortina o las actuales tensiones sobre Ceuta tuvieron como objetivo secreto controlar el fosfato.
La historia conocida permite algo quizá más interesante:
seguir el dinero, las materias primas y las decisiones políticas para comprobar hasta dónde llega realmente la relación.
Porque algunas veces la geopolítica no empieza con un ejército.
Empieza con aquello que hay bajo el suelo.
Y pocas cosas son tan estratégicas como el mineral que permite fertilizar los campos que producen nuestros alimentos.
Quién compraba en España el fosfato de Bu Craa en 1974.
La fuente reproduce un documento del Archivo General de la Administración (AGA) titulado Distribución por empresas del mercado interior de fosfatos durante 1974. Ese año Fosbucraa vendió en España 1.572.804 toneladas repartidas entre 18 empresas.
| Empresa compradora | Toneladas aprox. | % del total español |
|---|---|---|
| S.A. Cros | 561.506 | 35,7 % |
| Unión Explosivos Río Tinto (UERT) | 433.175 | 27,5 % |
| Fertiberia | 128.031 | 8,1 % |
| Foret S.A. | 80.022 | 5,1 % |
| Industrias y Abonos de Navarra | 74.617 | 4,7 % |
| Industrias Químicas Canarias | 68.165 | 4,3 % |
| Industria Química de Zaragoza | 47.722 | 3,0 % |
| Fosfórico Español S.A. | 36.134 | 2,3 % |
| Proquiber S.A. | 25.278 | 1,6 % |
| Química Industrial Capuchinos | 21.732 | 1,4 % |
| S.A. Carrillo | 19.513 | 1,2 % |
| Industrias Químicas de Tarragona | 18.433 | 1,2 % |
| Mirat S.A. | 17.513 | 1,1 % |
| Real C.A. de Minas | 15.150 | 1,0 % |
| Nitratos de Castilla S.A. | 13.844 | 0,9 % |
| Turégano S.A. | 9.940 | 0,6 % |
| Cosmoquímica | 1.910 | 0,1 % |
| Fragsa | 119 | <0,1 % |
El dato fuerte es la concentración: solamente Cros + Unión Explosivos Río Tinto compraban aproximadamente el 63 % de todo el fosfato saharaui destinado al mercado español. Si añadimos Fertiberia y Foret, las cuatro primeras absorbían aproximadamente tres cuartas partes del total. El estudio que reproduce el archivo destaca precisamente esa concentración de la industria española de fertilizantes.
Y aparece algo todavía más interesante para tu investigación: en 1974 el Gobierno español ordenó a Fosbucraa priorizar el mercado nacional y vender el fosfato a un denominado “precio político”, inferior al precio internacional. El artículo académico calcula que las empresas españolas pagaban aproximadamente 42,5 dólares por tonelada en 1974, frente a unos 62,5 dólares en el mercado exterior. En 1975 la diferencia siguió existiendo: unos 61 dólares frente a 81 dólares.
Además, la proporción destinada a España aumentó mucho:
1973 → 54,5 %
1974 → 72,5 %
1975 → 83,5 %, equivalente a unos 2,235 millones de toneladas.
