Cuando pensamos en petróleo pensamos inmediatamente en gasolina, gasóleo, aviones, barcos o calefacción. Rara vez pensamos en una pastilla.
Sin embargo, el petróleo no sirve únicamente para producir combustibles. También constituye una enorme fuente de carbono para la industria química. A partir del petróleo y del gas natural se obtienen moléculas relativamente sencillas que después pueden transformarse mediante sucesivas reacciones químicas en plásticos, pinturas, fibras, detergentes, cosméticos, disolventes, pesticidas y también numerosos principios activos farmacéuticos.
Aquí aparece una pregunta aparentemente sencilla:
¿Qué porcentaje del petróleo mundial termina utilizándose específicamente para fabricar medicamentos?
La respuesta resulta sorprendente:
no disponemos de una cifra mundial moderna, precisa y ampliamente aceptada que permita responder con seguridad.
Y eso merece ser explicado.
Sabemos cuánto petróleo consume la petroquímica
La Agencia Internacional de la Energía dispone de abundante información sobre el destino del petróleo.
Según la AIE, aproximadamente el 20 % de la demanda mundial de petróleo corresponde a la industria, y alrededor de dos tercios del petróleo consumido por esa industria se utiliza como materia prima de la industria química.
La petroquímica está adquiriendo además una importancia cada vez mayor.
La AIE señala que, conforme disminuye progresivamente el crecimiento del consumo de combustibles para transporte, los productos petroquímicos adquieren mayor importancia dentro de la demanda de petróleo. Para 2030 calcula que solo la fabricación de polímeros y fibras sintéticas podría requerir unos 18,4 millones de barriles diarios, más de uno de cada seis barriles consumidos mundialmente.
Sabemos, por tanto, bastante sobre petróleo destinado a:
- plásticos;
- polímeros;
- fibras sintéticas;
- productos químicos industriales;
- combustibles;
- aviación;
- transporte.
Pero cuando intentamos bajar un nivel más y preguntar:
“¿Cuánto petróleo termina específicamente en la industria farmacéutica?”
la contabilidad se vuelve considerablemente más borrosa.
El dato del 3 % existe, pero hay que tratarlo con muchísimo cuidado
Existe una cifra que circula desde hace años: aproximadamente el 3 % de la producción de petróleo estaría relacionado con la fabricación farmacéutica.
Pero cuando seguimos el origen de esa cifra encontramos algo muy interesante.
Un artículo científico publicado en 2011, Petroleum and Health Care: Evaluating and Managing Health Care’s Vulnerability to Petroleum Supply Shifts, señalaba que aproximadamente el 3 % de la producción de petróleo se utilizaba para fabricar productos farmacéuticos.
El propio artículo reconocía, sin embargo, algo mucho más importante:
no existían revisiones sistemáticas sobre los insumos petroquímicos empleados en los medicamentos habitualmente prescritos.
Además, la afirmación de que aproximadamente el 99 % de determinadas materias primas y reactivos farmacéuticos procedían de petroquímicos estaba respaldada en aquel trabajo mediante una comunicación oral de 2010, no mediante una gran base estadística internacional.
Esto cambia completamente la interpretación.
No podemos utilizar responsablemente ese 3 % como si fuera una medición exacta y actual del consumo mundial.
Pero sí podemos utilizar la situación para formular una pregunta mucho más interesante:
¿Por qué, siendo la industria farmacéutica una enorme industria química mundial, resulta tan difícil obtener una contabilidad pública que conecte petróleo → materias primas → síntesis farmacéutica → medicamentos?
Los medicamentos sintéticos no contienen simplemente “petróleo”
Aquí conviene evitar otro error.
Decir que un medicamento procede parcialmente de la petroquímica no significa que una pastilla sea petróleo refinado comprimido.
La química funciona de otra manera.
El petróleo y el gas proporcionan moléculas básicas que pueden utilizarse como bloques de construcción.
Por ejemplo, la industria química obtiene o produce sustancias como:
etileno, propileno, benceno, tolueno, xileno y numerosos intermediarios químicos.
Mediante reacciones sucesivas —oxidaciones, reducciones, sustituciones, hidrogenaciones, acoplamientos, separaciones y purificaciones— esos materiales pueden transformarse completamente.
El producto final puede ser una molécula que ya no se parece químicamente al hidrocarburo original.
Lo correcto sería decir:
parte de la industria farmacéutica moderna depende de cadenas de suministro químicas cuyo carbono y cuyos reactivos pueden tener origen fósil.
Eso es muy diferente de decir que “los medicamentos están hechos de petróleo”.
Y el principio activo es solamente una parte del problema
Existe además un factor que normalmente pasa desapercibido.
Para fabricar un kilogramo de principio activo farmacéutico no basta necesariamente con utilizar un kilogramo de materias primas.
Una síntesis puede necesitar numerosos pasos.
Cada paso puede requerir:
- reactivos;
- catalizadores;
- disolventes;
- agua;
- sustancias de extracción;
- agentes de purificación;
- energía;
- materiales auxiliares.
La American Chemical Society utiliza precisamente una medida denominada Process Mass Intensity (PMI).
Su fórmula conceptual es sencilla:
masa total de materiales utilizados / masa de principio activo obtenido.
La ACS explica que sus primeros estudios comparativos entre compañías farmacéuticas encontraron que aproximadamente el 58 % de las entradas materiales eran disolventes, el 28 % agua y alrededor del 8 % reactivos.
Otros trabajos de la industria química han señalado que los disolventes pueden representar entre el 80 y el 90 % de la utilización de masa en determinadas operaciones farmacéuticas y de química fina.
Una investigación publicada en 2025 sigue señalando que los disolventes representan aproximadamente el 80-90 % de los residuos materiales asociados a algunos procesos de fabricación farmacéutica.
Por tanto, mirar solamente los miligramos de medicamento presentes en una cápsula proporciona una visión muy incompleta de su verdadera huella química.
Aquí está el auténtico dato que falta
Disponemos de información sobre consumo mundial de petróleo.
Disponemos de información sobre petroquímica.
Disponemos de información sobre procesos farmacéuticos.
Disponemos de estudios sobre disolventes.
Disponemos de métricas sobre residuos farmacéuticos.
Disponemos incluso de herramientas desarrolladas por la propia industria para calcular la cantidad de materiales empleados en fabricar principios activos.
Lo que resulta mucho más difícil encontrar es una contabilidad mundial que diga claramente:
de 100 barriles de petróleo extraídos, X terminan directa o indirectamente como materias primas y reactivos empleados específicamente en fabricación farmacéutica.
Esa diferencia es importante.
No demuestra una conspiración.
No demuestra que alguien esté escondiendo deliberadamente el dato.
Pero sí evidencia una carencia de desagregación estadística que merecería mucha más atención.
¿Por qué puede faltar esa cifra?
Hay varias explicaciones bastante más sencillas que una ocultación deliberada.
La primera es la complejidad de las cadenas de suministro.
Una misma fábrica petroquímica puede producir una sustancia que posteriormente termine en:
un plástico, una pintura, un pesticida, un cosmético o un medicamento.
En el momento en que se fabrica ese intermediario químico quizá ni siquiera se sabe cuál será su destino final.
La segunda dificultad es que existen varios niveles de fabricación.
Una farmacéutica puede comprar un principio activo a otra empresa.
Esa empresa puede comprar un intermediario químico a otra compañía.
El intermediario puede proceder de China, India, Europa o Estados Unidos.
Y las sustancias originales pueden proceder, a su vez, de diferentes refinerías o plantas químicas.
Seguir el carbono hasta el pozo petrolífero original puede ser extremadamente difícil.
Existe además la confidencialidad industrial.
Las rutas de síntesis, proveedores, rendimientos y costes forman parte en muchos casos del conocimiento industrial de las empresas.
Finalmente existe un problema estadístico: organismos como la Agencia Internacional de la Energía estudian fundamentalmente flujos energéticos y grandes categorías petroquímicas, no el destino molecular de cada tonelada de carbono.
Pero precisamente por eso sería interesante medirlo
La transición energética está cambiando nuestra relación con el petróleo.
Durante décadas el debate se ha concentrado en:
petróleo = combustible.
Pero esta ecuación cada vez resulta más incompleta.
La propia Agencia Internacional de la Energía considera que los productos petroquímicos tendrán un peso creciente a medida que la electrificación reduzca progresivamente determinados consumos de combustibles.
Por tanto, deberíamos empezar a preguntar también:
¿qué hacemos con el petróleo que no quemamos?
Porque existe otra economía del petróleo mucho menos visible:
petróleo
↓
refinería
↓
nafta, gases y otros productos
↓
petroquímica
↓
intermediarios químicos
↓
disolventes y reactivos
↓
principios activos
↓
medicamentos.
Y lo mismo ocurre con miles de productos cotidianos.
También existe una alternativa: fabricar moléculas desde biomasa
Nada obliga físicamente a que todo ese carbono proceda siempre del petróleo.
Una parte creciente de la investigación química intenta producir moléculas mediante:
- biomasa;
- fermentación;
- microorganismos;
- química enzimática;
- materias primas renovables;
- reciclaje de carbono;
- procesos de química verde.
Una revisión científica sobre principios activos farmacéuticos describe precisamente el desarrollo de rutas biotecnológicas capaces de utilizar biomasa para obtener productos químicos y farmacéuticos.
La American Chemical Society también lleva años promoviendo cambios en disolventes, reducción del número de etapas, economía atómica y procesos continuos para disminuir residuos y consumo material.
Por tanto, conocer la dependencia real del petróleo no sería solamente una cuestión estadística.
También serviría para saber qué parte podría sustituirse en el futuro.
La pregunta que deberíamos empezar a hacer
No necesitamos afirmar que existe un secreto.
La realidad resulta suficientemente interesante sin añadirlo.
Podemos formular una pregunta científicamente mucho más incómoda:
En una economía que mide prácticamente cada barril de petróleo producido y consumido, ¿por qué todavía resulta tan difícil determinar qué porcentaje termina específicamente alimentando la fabricación mundial de medicamentos?
Quizá la respuesta sea simplemente que nunca hemos construido una contabilidad suficientemente detallada.
Pero precisamente ahí está el problema.
Si queremos discutir seriamente sobre transición energética, sostenibilidad, soberanía farmacéutica y dependencia de combustibles fósiles, no basta con conocer cuánta gasolina consumen nuestros coches.
También deberíamos conocer de dónde procede el carbono con el que fabricamos las moléculas que utilizamos para tratar nuestras enfermedades.
El petróleo no está solamente en el depósito del coche.
También está detrás de buena parte de la infraestructura química sobre la que hemos construido el mundo moderno.
Y cuantificar exactamente esa dependencia sería un buen comienzo.
Fuentes principales
International Energy Agency (IEA): información sobre demanda mundial de petróleo, petroquímica y materias primas químicas. La AIE calcula que la industria representa alrededor del 20 % de la demanda mundial de petróleo y que aproximadamente dos tercios del consumo industrial corresponde a materias primas para la industria química.
International Energy Agency, Oil 2025: proyección del creciente peso de la petroquímica y estimación de 18,4 millones de barriles diarios destinados a polímeros y fibras sintéticas en 2030.
American Chemical Society – Green Chemistry Institute: metodología Process Mass Intensity para medir los materiales empleados en la fabricación de principios activos farmacéuticos.
Petroleum and Health Care (2011): trabajo que expuso tanto la estimación histórica del 3 % como la ausencia de revisiones sistemáticas sobre los insumos petroquímicos de medicamentos habituales. Es importante no presentar aquella estimación como una estadística mundial actual.
American Chemical Society: investigaciones sobre el enorme peso de los disolventes en la síntesis farmacéutica y las estrategias actuales de química verde.