No observamos una sustancia llamada «entropía». Medimos calor, temperatura y otras propiedades, y mediante relaciones termodinámicas determinamos valores o cambios de entropía. Es una medición indirecta, vinculada a un modelo físico.
Esto permite plantear una duda legítima: ¿la entropía existe como algo independiente o es una propiedad con la que describimos el comportamiento de la materia? Tal vez no exista como una entidad material separada. Pero eso no implica que sea ficticia: una propiedad no necesita ser una sustancia para resultar medible.
Si seis aparatos utilizan la misma fórmula y los mismos supuestos, su coincidencia demuestra reproducibilidad, pero no constituye seis comprobaciones completamente independientes. Una prueba más fuerte consiste en contrastar métodos basados en principios distintos y comprobar si concuerdan dentro de sus incertidumbres.
La metáfora aparece cuando llamamos a la entropía «desorden». Esa palabra ofrece una imagen intuitiva, pero puede confundir: ni el desorden visual ni el movimiento bastan para determinar la entropía.
Por eso, la sospecha merece formularse con precisión: puede que estemos imaginando como una cosa lo que en realidad es una propiedad física abstracta. Sin embargo, afirmar que la entropía es únicamente una metáfora y no puede medirse iría más allá de lo que permite la evidencia.
La pregunta exigente es: ¿qué parte del resultado procede de las mediciones, qué parte depende del modelo y qué comprobaciones independientes respaldan ese modelo?