Replegarse de la actividad en estos días de confinamiento en casa, induce a un increíble sentimiento menguante de tedio. En un principio fue una ilusión por hacer muchas cosas, a lo mejor programadas en un calendario estricto. Pero a lo largo de los días van restando el ímpetu introvertido y menguando el querer hacer cosas para uno mismo.

Hay cierta ilusión escondida de querer hacer cosas fuera y convertirnos en un guerrero servicial que nos minimiza de la soberbia. Aunque ocurre que con el panorama económico al que hemos llegado y vendrá, cueste avanzar. Se necesitan activadores, buenos activadores, para que este increíble sentimiento menguante de la vuelta hacia una grafica creciente. Contraria a la grafica de contagios y muertes.

La previsión imprevisible que algunos dicen que ahora tenían hace constatar que el COVID-19 es un cisne negro de manual. Y los cantos de sirenas de los intentos de ser “gurus” en el acierto de la previsión del virus, fueron diluidos por las muchas posibilidades que a cada persona se le ocurren cada día.

El papel del estado

El baile de cifras del los contagios, muertes y recuperaciones del estado Español son solo una apariencia. Han habido burdas mentiras, datos poco trabajados y oradores militares fuera de lugar. Hay un sentimiento menguante de los de fuera hacia nosotros con el papel que están haciendo. La varias formas de contar y medir las estadísticas en los diferentes países hacen que no este nada claro que información nos están dando.

Las manifestaciones del barrio de Chamartin en Madrid saltándose el confinamiento dan a entender que estas personas son como toros andróginos sin cabeza. No ven un interlocutor válido en el estado y se aprovechan a costa de la salud de la gente para su propio beneficio político, ya que eran la mayoría de los participantes de extrema derecha.


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