En esta época de Covid hay una sutil guerra de introvertidos-extrovertidos. Los introvertidos quieren quedarse confinados y los extrovertidos no. Unos hacen lo posible para no seguir las recomendaciones de llevar mascarilla y otros lo siguen al pie de la letra. Hay cierta voluntad de encontrase a uno mismo confinados, de hacer aquellas vacaciones pagadas que nunca hicieron, de constatar la vagancia, del cansancio en el trabajo y la coartada de encontrar una vía de fuerza mayor que es provocada por uno mismo.

La hiper-sensibilidad de los estímulos de los introvertidos y la demanda constante de estímulos de los extrovertidos puede ser un motivo en el subconsciente de querer quedarse confinados. Unos necesitan quedarse tal como están y otros una corrección, respectivamente.

Tener presente la pandemia es también lo que se le olvida a algunos. Olvidamos con facilidad y si no ha habido alguna muerte cercana por el Covid no tomamos medidas para protegernos y nos relajamos. La variabilidad de incidencia del Covid hace que nuestros sistemas de protección también sean variables.

Los que son individuos de menos riesgo no toman las medidas aceptables para proteger a los demás . La comparativa de los extrovertidos de porque yo estoy confinado y aquel no les sirve para adoptar conductas de no protegerse.

Los culpables

Se intenta buscar los culpables de porque hay más incidencia de la pandemia en un sitio que en otro. Unos políticamente, otros científicamente, otros haciendo comparativas con otros. Pero lo que tenemos todos son sesgos cognitivos que nos hacen actuar de manera obtusa a lo que es científico, político o comparable. Y querer encontrar una solución que sirva para la mayoría seria simple si fuéramos todos iguales, pero somos todos diferentes. Con una genética y comportamiento diferente. La intención de buscar solución para determinados grupos de población si la estadística lo avala ya puede ser aceptado.


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