Ya ha acabado el verano. Las idas y venidas a la playa han sido amortiguadas por el coronavirus. Las playas han sido menos lucidas por la moda de baño. Los bikinis, tangas y bañadores han sido menos vistosos, como si tuviéramos algo de vergüenza. Los tangas minúsculos ya no son observados por su falta. Las playas están semi-desiertas. En los pocos chiringuitos de playa que quedan, se hace la poca vida social sin ropa que ahora se suele hacer. Aunque también había playas que estén masificadas sin la prudencia Covid, no se tenía la tranquilidad de antes.

Mascarillas

La moda de las mascarillas vistosas puede pasar como en los trajes de baño del bañador al tanga. Y encontrar mascarillas tipo tanga o a la mínima expresión. En los que se aprecie más parte de la cara y escandalice a los conservadores de los usos de la protección del covid. La mascarilla-tanga no ha llegado, pero demos tiempo al tiempo que puede llegar. ¡Entonces diremos, -no era un tanga! ¡Era el tanga hijo! Puede que alguna marca se las ingenie para inventarlo y comercializarlo con garantías de protección.

Vida social

La poca vida social que se recomienda que se haga ahora, hace que las pocas veces que hace, se exhiban todas las interioridades en estas pocas ocasiones. Como un tanga que lo enseña casi todo. En un ámbito que como en la playa, se va poco.


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