Zas ! Y unas estalactitas veloces se asentaron en mi casa de invierno de los Alpes. Hacia un frio despejante para los que se levantan pronto y en el porche había una hilera de estalactitas heladas que aparecieron desde la noche anterior. Me fui a dormir tarde y me desperté pronto como si solo hubiera pasado solo un momento. Debían ser de alrededor de un palmo y medio la mas pequeña y parecía que a la casa le hubieran puesto dentadura. Me gustaba desayunar en el porche y sentir el frio de la mañana en la cara, que aunque abrigado con un grueso jersey debajo del pijama, esa vez hacía un frio cortante. La bebida caliente de la mesa humeaba y el sonido de las tostadas al crujir quedaba amortiguado por la nieve. El canto de algunos pájaros dispersos en el bosque se oían levemente en sinfonía. Debía haber nevado alrededor de medio metro y helado a posteriori.

Esa tranquilidad mañanera que me resultaba familiar en las vacaciones de invierno estaría finalizada dentro de una semana cuando tendría que volver a la rutina del trabajo a distancia en la casa de Girona. Es una casa a modo de oficina, en la que vivo y trabajo, pero cuando intento desconectar me voy fuera con cualquier excusa para hacer vida social y no enclaustrarme en mis proyectos. El gimnasio también es una piedra agradable para los momentos de estado de flujo del trabajo que utilizo cuatro veces por semana. El estado de flujo que propuso el psicólogo de nombre difícil de pronunciar Mihály Csíkszentmihályi, lo he conseguido a menudo y creo que por la motivación intrínseca que tengo, pocas habilidades sociales y estar aislado durante bastante tiempo (aún lo sigo estando bastante). Pero esto mejor dejarlo para los estudiosos del comportamiento.

Pienso que después del estado de flujo tiene que haber un estado de vacío fluyente para poder cambiar de una actividad a otra, así como pequeños sobresaltos o sorpresas que da la vida y que si estás en este estado de flujo a veces no sabes como encajar. Es la sal de la vida.


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